Gabriel Chico Guapo Campillo jugó al Black Jack, y perdió. Jugó a la ruleta, y también perdió. Ganó el combate, y se lo robaron. Y por ahí no pasamos. INVESTIGACIÓN A MORSE YA! Lo que sucedió el pasado 29 de enero en el recinto del Hard Rock Hotel & Casino de Las Vegas es una vergüenza para el deporte en general, y el boxeo en particular. Un juego tan noble no merece, ni necesita la desconsideración que Oscar de la Hoya le dio a la velada, otorgando al petrodolar Kazajo un cinturón que no merece. Me repele saber que Campillo volverá a ganar un cinturón que algún día lo llevó puesto un indigno. Por que, amigo Beibut, no eres el digno campeón, y te remuerde. Sabrás ya, que tu tía materna nos confeso esto mismo, tras el combate, ella nos pidió perdón, a ti sólo te pido que le concedas la revancha en campo neutral, pero amigo mío, esto, sería un digno gesto, y como ya he comentado antes, si algo eres, es un indigno.
Vale que en Las vegas todo es mentira, las camareras del Hooters, los canales del Venetian, el tigre del todo a cien del Belaggio, los neumáticos de la crupier, pero hacer del boxeo una mentira, del deporte una falacia, y de las apuestas una estafa, eso es, inmoral, mezquino, y un delito, al menos en España, donde la libertad sí es gratis. A campillo le desvalijaron en el medio oste americano al más puro estilo Tiburzio Vasquez, ante la incredulidad de su equipo, la indignación de su afición, y la complacencia de la Instituciones Españolas que no tienen el cuajo necesario para defender a un español CAMPEÓN DEL MUNDO del boxeo en categoría del semipesado. Así, cada uno tiene lo que se merece, menos Gabri, claro esta. Su equipo, a un boxeador forjado en la victoria. Su afición, a su icono en lo alto de las cuerdas señalándolos desde el corazón, y las Instituciones, que no se hable de boxeo.
Hasta el 445 de Paradise Rd. en Las Vegas me desplace con siete amigos más para disfrutar de la velada, del combate podemos reseñar que los tres primeros asaltos fueron dominados por el kazajo, a partir del cuarto perdió agresividad y el fuelle le duraba tan solo el inicio de cada round, Campillo comenzó a nivelar la pelea a partir del cuarto asalto, el empuje del español era primoroso, en el octavo el de Astaná escupió el protector bucal, con la clara intención de que el arbitro detuviera momentáneamente el asedio al que su cara estaba siendo sometido, uno tras otro caían los jab en el rostro del kazajo. Con cada asalto que se iba, se esfuman las opciones del kazajo, y sin embargo…
Se consumó, se llevó a cabo el robo más grande jamás contado. Una mezcla de Ocean´s thirteen con Atraco a las tres. Póngame una de esperpento, que diría Valle-Inclán; ó Que jodido es tener razón cuando no hay justicia, que comentaría Don Francisco; ó el más popular Manos arriba, esto es una atracó que atronó la afición a la conclusión de la velada. Muy fuerte. La gente venía a nuestros asientos, y nos pedía perdón, por que vieron, notaron, y sintieron, que aquel triunfo era indigno. Un fraude al boxeo. Todo es mentira.
Fuerza y Honor al “aún” campeón.




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